Ibiza tiene muchas caras, pero pocas tan fascinantes como su versión más salvaje y escondida. Si te alejas de las rutas típicas y cambias las discotecas por una barca, puedes descubrir rincones tan tranquilos que hasta las gaviotas bajan la voz.
Este artículo es para los que quieren sentir que han descubierto un secreto. Te llevamos por calas escondidas, playas tranquilas y rincones que solo puedes alcanzar por mar. Y, por supuesto, te chivamos dónde hacer snorkel sin que nadie te patee las aletas.
Calas solo accesibles en barco: los rincones más salvajes
Cala d’Albarca
Si lo tuyo son los paisajes que te dejan con la boca abierta, apunta esta cala en negrita. Cala d’Albarca, también llamada Cala Aubarca, es uno de esos rincones que parecen sacados de un universo paralelo. Está escondida en la costa norte de Ibiza, entre los acantilados del área de Es Amunts, una zona poco urbanizada y de una belleza totalmente salvaje.
Lo primero que sorprende es el entorno: altos acantilados cubiertos de pinos, formaciones rocosas que parecen esculpidas por gigantes y un arco de piedra natural que se ha convertido en uno de los secretos fotogénicos más impresionantes de la isla. Es uno de esos lugares que, si pillas con la luz adecuada, parecen de otro planeta.
El acceso por tierra es complicado —requiere una caminata cuesta abajo, sin señalización clara—, así que la mayoría prefiere llegar en barco. Desde el mar, la entrada a la cala parece una pequeña bahía mística, casi cerrada por la propia roca. No hay servicios, ni arena, ni cobertura. Solo mar, piedra y silencio.
Eso sí: si te gusta el snorkel, los fondos aquí son una pasada. El agua es profunda, limpia y llena de recovecos entre las rocas, con posidonia, erizos, bancos de peces y hasta estrellas de mar si tienes buen ojo. Una cala secreta del norte de Ibiza, ideal para quienes buscan aventura, soledad y ese toque salvaje que ya no se encuentra en las playas más populares.
Es Caló de s’Illa
En el corazón más remoto del norte de Ibiza, entre acantilados y pinos que parecen sacados de una postal, se esconde Es Caló de s’Illa. Esta cala virgen es un secreto que no todo el mundo conoce, en parte porque llegar hasta ella requiere caminar por un sendero algo abrupto desde la zona de Es Amunts. Pero quien se anima, se lleva una recompensa de esas que se recuerdan.
La cala es pequeña, de unos 50 metros, y está completamente rodeada por naturaleza. Desde sus rocas se ven los islotes de Sa Paella, S’Escull e Illa d’en Calder, que salpican el horizonte como si alguien los hubiera colocado ahí a propósito. No hay arena ni servicios, pero sí un fondo marino repleto de vida. Aquí hacer snorkel es como sumergirse en un acuario natural, con bancos de peces, cuevitas submarinas y campos de posidonia.
La tranquilidad es absoluta, y la soledad casi garantizada. Un paraíso escondido solo apto para quienes buscan la Ibiza más auténtica.
Cala Es Portitxol
Es uno de los lugares más mágicos y remotos del norte de Ibiza. No hay carteles ni chiringuitos, solo un estrecho camino de tierra que termina en un sendero y, al final, una pequeña cala circular rodeada de acantilados cubiertos de pinos. El mar aquí parece una piscina natural, y lo único que rompe el silencio es el sonido de las olas.
Lo más bonito de Es Portitxol es su forma de media luna, que le da un aire de escondite secreto. El agua es tan clara que puedes ver los peces desde fuera, y el fondo marino está lleno de vida.
El acceso por tierra es largo y algo exigente, lo que disuade a muchos. Por eso, la mayoría de los que llegan lo hacen por mar, y es justo esa exclusividad lo que la mantiene casi virgen.
En la orilla, viejas casetas varadero de pescadores le dan un aire auténtico, de otra época. El agua es cristalina, con un fondo rocoso ideal para el snorkel. Aquí es fácil ver peces, erizos y hasta pulpos escondidos entre las piedras.
Lo mejor es el silencio. No hay cobertura, no hay bares, no hay prisas. Solo mar, cielo y un rincón donde desconectar del mundo y reconectar contigo. Una cala secreta con todas las letras.
Ideal para hacer snorkel, para los que buscan desconectar del todo, y para sentir que has encontrado tu rincón privado en Ibiza.
Todas estas calas tienen algo en común: su belleza se multiplica cuando las ves desde un catamarán. Si sueñas con fondear frente a una playa virgen, nadar en aguas cristalinas sin agobios y descubrir rincones ocultos que no salen en las guías, echa un vistazo a nuestras rutas privadas. En GG Corsairs Charter organizamos experiencias personalizadas por las calas más espectaculares de Ibiza y Formentera. Tú eliges el plan, nosotros ponemos el barco.
Calas vírgenes y nudistas de Ibiza: libertad sin filtros
Cala Llentrisca
Es una de esas joyas que Ibiza guarda bajo llave, lejos del ruido, del postureo y de los beach clubs de diseño. Está en el sur de la isla, cerca de Es Cubells, y aunque está relativamente cerca de zonas más transitadas, la sensación cuando llegas es como si hubieras cruzado un portal hacia otro mundo.
El acceso es solo para valientes: hay que caminar durante un buen rato por un sendero entre pinos, sin señalización clara y con vistas constantes al mar. No es una excursión difícil, pero sí lo bastante larga como para que la mayoría desista. Y ahí está el truco. Porque cuando por fin llegas, lo que te encuentras es una cala silenciosa, tranquila, escondida entre acantilados, con casetas de pescadores tradicionales, y un agua tan limpia que cuesta distinguir dónde empieza y termina el fondo marino.
La playa es de piedras redondeadas, así que los escarpines son casi obligatorios. No hay chiringuito, ni hamacas, ni música. Solo tú, el mar y alguna barca fondeada a lo lejos. Es uno de los rincones más íntimos de Ibiza, perfecto para leer, desconectar o simplemente flotar en silencio.
Además, es habitual que quienes llegan hasta aquí practiquen nudismo, ya que el entorno invita al relax absoluto y a dejar atrás las formalidades. Es también un buen lugar para hacer snorkel —la posidonia que cubre el fondo es hogar de multitud de peces— y, si te animas a llegar en barco, el contraste de colores desde el mar es aún más espectacular.
Una cala virgen, tranquila y sin artificios, donde el lujo es poder estar en paz.
Racó de Ses Dones
Su nombre ya suena poético, y su ubicación lo confirma: Racó de ses Dones es uno de esos rincones que parecen haber sido esculpidos por el mar solo para quienes están atentos. Se encuentra cerca de la zona de Santa Agnès, pero muy alejada de cualquier circuito turístico.
Esta cala es minúscula, protegida por paredes rocosas y rodeada de vegetación salvaje. No hay señalización ni caminos evidentes, así que lo más fácil (y especial) es llegar en barco. Desde el mar, lo que se ve es una grieta en la costa que esconde una piscina natural de aguas verdes y cristalinas, perfecta para desconectar del mundo.
Aquí el silencio es casi sagrado, y es habitual ver a alguien practicando yoga o simplemente flotando en el agua. Si buscas un rincón con energía tranquila, sin masificación y totalmente fuera del radar, este pequeño racó es tu joya privada.
Cala Aubarca
Una cala de difícil acceso por tierra, rodeada de acantilados altísimos y decorada con un icónico arco de piedra natural que parece diseñado para Instagram. Aunque no es oficialmente nudista, al llegar (sobre todo por mar) la sensación de aislamiento es tan fuerte que muchos deciden prescindir del bañador.
No hay arena: solo rocas y agua tan clara que parece editada. La posidonia cubre algunas zonas del fondo, creando un ecosistema submarino perfecto para los amantes del snorkel. Aquí no vienes a tomar el sol: vienes a desconectar del mundo.
Calas poco conocidas donde perderse
Es Canaret
Si buscas una cala donde el silencio solo lo rompa el mar, Es Canaret es lo más parecido a una isla desierta en Ibiza. Ubicada al norte, entre Portinatx y Cala Xarraca, esta pequeña bahía de piedras se esconde tras un sendero poco transitado que parece más un secreto local que una ruta marcada.
Durante años fue de difícil acceso porque había que cruzar una propiedad privada, pero ahora se puede llegar bordeando la costa a pie. El camino es corto pero rocoso, sin señalización ni cobertura. Y eso la hace aún mejor.
Lo que encuentras al llegar es una cala minúscula, resguardada entre paredes rocosas, sin chiringuitos, sin hamacas y sin rastro del turismo de masas. Solo tú, el Mediterráneo, y quizás algún velero fondeando a lo lejos. El agua, por supuesto, transparente y perfecta para flotar o hacer snorkel.
Ideal para quienes sueñan con rutas secretas, calas tranquilas y rincones donde nadie te molesta.
Pssst… esta cala es tan poco conocida que muchos locales prefieren no hablar de ella para que siga siendo un secreto.
Sa Pedrera de Cala d’Hort (Atlantis)
Atlantis no aparece en los mapas oficiales de Ibiza, pero es uno de los rincones más mágicos, místicos y secretos de toda la isla. Su nombre real es Sa Pedrera de Cala d’Hort, pero todos la conocen como Atlantis por una razón: parece un lugar sacado de otro planeta.
Este rincón escondido entre acantilados fue antiguamente una cantera, de donde se extrajo piedra para construir parte de Dalt Vila. Con los años, el mar ha moldeado ese escenario en una especie de ruina mitológica, con formas geométricas talladas en la roca, piscinas naturales, cuevas, esculturas esculpidas por hippies en los 70… y un aura que se respira en cuanto pones un pie allí.
Eso sí: no es para todo el mundo. La bajada es empinada, dura y exige buen calzado (y algo de forma física). Tardarás unos 30 minutos en bajar y algo más en subir. Pero si te va la aventura, no hay un sitio igual.
No hay cobertura, no hay sombra, y no hay nadie que venga a rescatarte si te da un jamacuco. Pero si buscas un sitio 100% diferente, silencioso y visualmente impactante, este lugar debería estar en tu lista.
Un clásico en las rutas secretas de Ibiza. Eso sí: llévate agua, buen calzado… y la mente abierta.
Es Codolar
Si estás buscando arena fina y aguas turquesa para nadar, sigue deslizando. Pero si te molan los lugares salvajes, solitarios y con una energía distinta, Es Codolar puede ser tu próximo descubrimiento. Esta enorme playa de piedras se extiende a lo largo del sur de Ibiza, muy cerca del aeropuerto, aunque casi nadie se detiene en ella.
El suelo está cubierto de cantos rodados enormes que crujen al caminar, y el paisaje tiene algo crudo, casi lunar. El mar ruge con fuerza, no hay apenas lugares para meterse a nadar con comodidad… pero la sensación de aislamiento es absoluta. Ideal para pasear, hacer fotos, meditar o simplemente ver cómo atardece mientras los aviones despegan sobre tu cabeza. Raro, pero mágico.
Aquí puedes soltar todo: el estrés, el reloj, las notificaciones. Solo tú, el viento, las piedras y ese Mediterráneo más áspero, menos turístico… y, por eso mismo, más auténtico.
Es una de las pocas playas de Ibiza cerca del aeropuerto, perfecta si te sobra una horita antes del vuelo.
Las calas más bonitas y tranquilas del norte de Ibiza
Cala Xuclar
Pequeñita, resguardada por colinas verdes y apenas frecuentada incluso en agosto, Cala Xuclar es uno de esos rincones donde el Mediterráneo aún suena bajito. La playa está flanqueada por casetas de pescadores y no hay música, ni tumbonas, ni postureo. Solo el rumor del agua y, con suerte, algún vecino pescando sepia.
Es perfecta para el snorkel gracias a sus fondos rocosos y para tirarse en la toalla y olvidarse del móvil. Hay un chiringuito pequeñísimo (y delicioso) que abre solo en verano. Si buscas un lugar donde el tiempo se estire, es este.
Caló des Moltons
En el norte de la isla, a pocos pasos del puerto de San Miguel, se esconde Caló des Moltons, una pequeña cala que parece sacada de otro tiempo. Aunque no es completamente desconocida, sigue siendo una joya poco frecuentada, incluso en plena temporada alta. Su ambiente relajado y su atmósfera local la convierten en un refugio perfecto para quienes buscan una Ibiza más tranquila y sin pretensiones.
El acceso es sencillo: basta con seguir un sendero desde la cercana Playa del Puerto de San Miguel. En solo 10 minutos te plantas en una cala recogida, con casetas varadero de pescadores y aguas claras perfectas para el snorkel tranquilo, sin el bullicio de otras playas del norte.
Caló des Moltons no tiene grandes servicios, pero ese es parte de su encanto. Aquí todo es más simple: piedra, mar, sombra natural y el sonido de las olas chocando contra las rocas. Ideal para quienes quieren un rincón auténtico sin alejarse demasiado de las zonas más accesibles de la isla.
Calas con cuevas y acantilados para explorar en snorkel o kayak
Cala Pluma
Es uno de esos rincones que no aparecen en todos los mapas, y eso nos encanta. Poca gente ha oído hablar de Cala Pluma, y eso ya es una buena señal. Se esconde en la costa oeste de Ibiza, cerca de la más conocida Cala Tarida, pero es tan discreta que no aparece señalizada en la mayoría de mapas. De hecho, muchos locales ni siquiera saben que existe. Y eso la convierte en una de las calas más tranquilas y desconocidas de la isla.
No esperes comodidades: aquí se viene con calzado adecuado, algo de comida y bebida, y muchas ganas de desconectar. El acceso por tierra es algo incómodo, por lo que la mejor forma de llegar es en barco o paddle. Y una vez allí, el premio es una pequeña cala pedregosa con aguas turquesas limpias, perfectas para hacer snorkel o flotar en silencio. La posidonia cubre parte del fondo, lo que le da un color verdoso que cambia con la luz del día.
El ambiente es totalmente natural, sin construcciones, sin ruidos, solo el sonido del mar y el canto de las gaviotas. Es uno de esos rincones en los que sientes que la isla aún guarda secretos solo para los que se lo curran.
Ses Balandres
Para llegar por tierra hay que descender una ruta empinada y algo vertiginosa (con cuerdas y escalones rústicos incluidos), lo que ya la convierte en un destino para exploradores. Se accede nadando o con kayak, pero si prefieres lo cómodo, llegar en barco es la mejor opción: desde el mar, esta cala escondida entre acantilados parece un santuario secreto.
El paisaje es brutal: muros verticales, cuevas ocultas, y un agua completamente transparente. Es un lugar perfecto para fondear unas horas, nadar con total privacidad y explorar las cuevas que hay en los alrededores. Al caer la tarde, las paredes se tiñen de tonos dorados y rojizos. Casi místico.
Rodeada de grandes paredes de piedra, parece un anfiteatro natural frente al mar. La luz cambia durante el día y el atardecer aquí es, sin exagerar, uno de los más mágicos de toda Ibiza. También hay una pequeña cueva semisumergida, perfecta para explorar en kayak o nadando.
No hay arena, solo piedra, pero eso no importa. La sensación de aislamiento total y la belleza del entorno hacen que merezca cada minuto del trayecto. Una cala oculta para amantes de la Ibiza más salvaje.
Si te animas a hacer snorkel aquí, verás algo más que peces: bajo la superficie se extienden praderas de posidonia oceánica, una planta marina protegida que mantiene el agua cristalina y llena de vida. Es uno de los secretos mejor guardados del Mediterráneo… y de Ibiza.
Calas secretas donde ver el atardecer sin agobios
Punta Galera
La reina de los atardeceres alternativos. Esta gran plataforma de piedra parece una terraza natural con grada incluida. Aunque se ha hecho algo más popular en los últimos años, sigue sin ser tan masificada como otras zonas.
Aquí no hay arena, pero sí un ambiente místico. Es fácil ver a alguien meditando, a otro dibujando, o a un grupo improvisando un concierto acústico mientras el sol se funde en el horizonte. Si quieres algo especial, este es tu sitio.
Sa Figuera Borda
Escondida entre Cala Codolar y Cala Conta, Sa Figuera Borda es uno de esos rincones que muchos pasan por alto… y qué suerte que sea así. Lo que hace especial este lugar no es solo su pequeña cala de roca y aguas limpias, sino la espectacular cueva natural que se abre en el acantilado. Una especie de mirador secreto con vistas de postal al atardecer.
Llegar no es complicado, pero tampoco evidente: hay que aparcar cerca de Cala Codolar y caminar por un sendero de tierra (nada difícil, pero tampoco marcado como una excursión de domingo). Eso sí, el premio merece la caminata.
En lugar de arena fina, aquí hay piedra, mar turquesa y mucha paz. Perfecta para sentarse con una cerveza fría y ver cómo el sol se esconde tras el horizonte. Es uno de los spots favoritos de los fotógrafos y, ojo, también de los locales que quieren huir del ruido sin irse muy lejos.
¿Baño? Sí, si te animas a bajar hasta las rocas. ¿Fotos épicas? Muchas. ¿Turistas en masa? No, y esperemos que siga así. Un rincón que encaja de lleno en cualquier ruta de playas tranquilas de Ibiza o de cuevas secretas con encanto.
Dicen que Ibiza lo tiene todo, pero la Ibiza de verdad no está en los folletos. Está aquí, entre acantilados que nadie mira, senderos que no están en Google Maps y calas donde el único sonido es el mar y tus propios pasos. No hace falta ser un experto ni un explorador, solo tener ganas de perderse un poco. Porque las mejores historias de viaje no empiezan en una playa masificada, sino en un rincón insólito y mágico. Y eso… es justo lo que acabas de encontrar.